lunes, 12 de marzo de 2012

La moral del ch'iki

La moral hace referencia a la regulación de la conducta humana a través de códigos y reglas. En ese sentido, la moral está en directa relación con las costumbres, es pues, relativa a la cultura. Lo correctamente moral tiene que ver con la aceptación social de un comportamiento. Un ejemplo es la conducta del chofer ante el semáforo en rojo: debe detener su automóvil. Lo hace por un acuerdo social el cual define la regla. Si un chofer acelera en vez de detenerse ante la luz roja, está haciendo algo incorrecto, pues atenta contra la norma de tránsito. El semáforo fue un invento del ingeniero inglés J.P. Knight en 1868, tenía como función detener a los trenes cuando los peatones iban a transitar por las vías. Se usó el término semáforo porque significa “llevar señales”. Morgan durante 1914 en los Estados Unidos ideó el semáforo de dos luces (roja y verde), el color ámbar se incluyó para reemplazar al zumbido que antecedía a la aparición del color verde. La intención siguió siendo la protección de los transeúntes ante la presencia de automóviles . El control de conductas puede ser externo o interno. Es externo cuando se buscan referentes que indiquen la validez de un juicio moral, e interno cuando la reflexión personal concluye en la decisión. El semáforo es un recurso externo para regular el comportamiento de los automovilistas y de los transeúntes. La confianza depositada en el referente hace que las personas operen en función a las señales, en el caso del semáforo en verde el razonamiento del peatón será: “está en rojo, significa que si atravieso la avenida los autos no avanzarán, por lo tanto mi vida no correrá peligro, así que puedo seguir mi rumbo”. El automovilista: “está en rojo, implica que si avanzo puedo atropellar un peatón, por lo tanto debo parar para no lastimar a nadie”. La congruencia entre el código y la consecuencia de la acción condicionan la confianza en la regla. Como se ve, dicha congruencia responde a un razonamiento lógico: si esto y esto, entonces aquello. La moral indica lo permitido y lo prohibido en un grupo, establece los juicios acerca de la corrección de las acciones . En la oficina es correcto utilizar corbata pero no necesariamente lo es en el estadio. La moralidad se flexibiliza en función al entorno, por lo tanto las personas críticas sabrán adecuar su conducta al lugar y al grupo con el que se encuentren. Para una adecuada moral, por lo tanto, es indispensable el conocimiento de los códigos. De ello se desprende que lo correcto no necesariamente es bueno. Volviendo al ejemplo del semáforo: si en el automóvil se encuentra una persona gravemente herida cuya vida se encuentra en juego, es correcto que el chofer detenga el coche ante la luz roja del semáforo, pero no está actuando bien. La sirena de una ambulancia es señal de que la regla debe subordinarse a la emergencia de salvar una vida. Queda claro que la moral se restringe a un conjunto de parámetros socialmente definidos para facilitar las decisiones correctas, pero no necesariamente implican aciertos acerca del bien y del mal. El juicio ético rebasa los códigos morales, se cimienta en la reflexión, en la toma de conciencia personal. La ética es la reflexión sobre la moral, define si los referentes de corrección e incorrección son buenos o malos . Sobre la moral se puede escribir y hablar, sobre la ética no. Wittgenstein lo enuncia de la siguiente manera: “está claro que la ética no puede expresarse con palabras”. ¿Cómo es posible? La ética trasciende a lo social, tiene que ver con la conciencia y la intuición, no es necesariamente racional, por lo tanto puede escapar a la lógica. Ciertas conductas humanas nos sorprenden porque no se explican racionalmente, por ejemplo, Maximiliano Kolbe, un sacerdote católico, recluido en el campo de concentración de Auschwitz sacrificó su vida por la de un judío desconocido. El judío fue elegido para ser fusilado, Kolbe al escucharle decir que tenía hijos, dio un paso al frente y se ofreció para morir en su lugar . La acción de Kolbe ha sido denominada “la locura del amor” porque la locura es la expresión máxima de la irracionalidad. Kierkegaard plantea dos niveles de moralidad: el inmanente y el trascendente. El primero es consecuencia de las normas sociales, el segundo está por encima de las reglas; parafraseando a Nietszche: “más allá de lo correcto y de lo incorrecto”. Lawrence Kohlberg planteó una teoría sobre el desarrollo moral, según la cual los seres humanos evolucionamos desde una moral sustentada en el miedo al castigo hacia una moral fundamentada en la ética. Volvamos al ejemplo del semáforo, dos coches, uno al lado del otro, se detienen ante el semáforo en rojo. El primero lo hace porque ve la presencia del guardia de tránsito, el segundo porque es una norma que se debe respetar. La diferencia estriba en que el primero se detiene por temor a la multa, el segundo lo hace porque es un deber social respetar la regla. Es probable que el domingo por la noche, cuando no exista ningún guardia cerca del semáforo, el primer chofer ante el semáforo en rojo, simplemente siga su curso; en cambio, el segundo seguirá respetando la norma. En aymara existe una palabra para designar inteligencia y al mismo tiempo picardía: ch’ikhi. Según la Real Academia de la Lengua Castellana(RAE) señala que el adjetivo castellano pícaro, significa ruindad, engaño, maldad, también bellaquería. Precisa además que es una acción deshonesta e impúdica. Por lo tanto ser pícaro es sinónimo de inmoralidad. Según Romero , en la cultura quechua y aymara, un niño o niña ch’ikhi es considerado inteligente. Por lo tanto la picardía es señal de inteligencia. Lo que conlleva a que se asimile la inteligencia con un acto inmoral. ¡El inmoral es inteligente, el moral estúpido! Este autor revisó distintos diccionarios y encontró que el significado puede referirse a la picardía como a la inteligencia. Un niño o niña ch’ikhi se traducirá como “vivo”. Una persona es “viva” cuando actúa con ingenio. El diccionario de RAE indica que la palabra vivo, entre otras cosas hace referencia al ingenio sutil. Romero, al darse cuenta de la incongruencia moral del bellaco con la inteligencia, considera que debería comprenderse la palabra ch’ikhi en dos acepciones, la primera en el sentido moral negativo alusivo al astuto, mentiroso y egoísta, la segunda al sentido moral positivo relacionado con la reflexión, la creatividad y la honestidad. Sin embargo, no existe evidencia lingüística de que sea así, porque el mismo autor elabora un listado de sinónimos para el concepto castellano de inteligencia en el quechua (v.g. yuyayniyuq, sunquyuq, umayuq, etc.), no encontrándose la palabra ch’ikhi entre ellas. Entonces, puedo plantear la siguiente hipótesis: si una persona es pícara, entonces será considerada inteligente. De lo cual puede concluirse falsamente, que la picardía es correctamente moral. Es poco probable que esta distorsión de lo moral sea producto de las culturas aymara y quechua, puesto que los parámetros morales se insertan en el bienestar de la comunidad, sancionándose de manera rígida al ladrón, al flojo y al mentiroso. El pícaro tiene los tres defectos fundamentales del código aymara. Es pues, más favorable pensar que la semántica del ch’ikhi sea producto de la inversión de valores gestada por la conquista y el coloniaje. Sin embargo, es profunda la implicancia del concepto en la vida cotidiana de los paceños. Muchas veces he visto automovilistas que respetan las señales del semáforo en día festivo o durante la madrugada ser víctimas de insultos por parte de los choferes pícaros. Un buen amigo Ricardo Rada (+) comentaba a menudo que en la escuela aún se propone a los estudiantes que lleven un cuaderno en borrador y otro en limpio, nada más claro para justificar el comportamiento hipócrita, la sobrevaloración de la apariencia: la honorable fachada. Así los pequeños aprenden que pueden tener un alma en limpio y otra en borrador. No existe congruencia entre el código la consecuencia del comportamiento, lo que resulta en confusión moral. Un letrero que indica una prohibición no es respetado. Basta ver a los carros estacionados sinvergüenzamente al lado de un enorme letrero de “no estacionar”. O policías en sus motocicletas adelantarse sin ninguna emergencia ante una luz roja. Un taxista me sorprendió al comentarme que existe el “código cincuenta” en tránsito, no supe a qué se refería hasta que me lo explicó. Cuando un guardia de tránsito detiene a un coche y le indica el mencionado código al conductor, significa que se le debe entregar cincuenta pesos como extorsión para evitar la multa. Y bueno…esto está establecido como una norma implícita. Si alguien que mantiene su lugar en una fila es atropellado por otra persona pícara que se coloca delante, debe callar porque no debe ser tonto, hay que ser vivo. Y así, la moral del bellaco se ha inyectado en nuestra sociedad paceña porque ser ético es ser tonto. Las reglas deben eludirse, están hechas para los bobos e incautos. Lo importante son los “contactos”, las avivadas necesarias para salirse con la suya. No se entiende por qué las personas que siguen correctamente los pasos de un trámite muchas veces no consiguen lo esperado, mientras que se saltan etapas porque pueden extorsionar a algunos funcionarios o porque tienen “muñeca” . A esta moralidad basada en la picardía se suma la honorable fachada. Término utilizado por Juan Luis Linares para referirse a las familias que fomentan la depresión juvenil: “todo está mal pero hay que mostrar que todo está bien”. Socialmente, funciona de esta manera: todos somos conscientes de la predominancia moral del ch’ikhi, pero debemos comportarnos de tal manera que parezcamos correctos, además que sancionamos a los pícaros. Consecuencia: una burocracia compleja y absurda. La imposibilidad de lograr la meta burocrática deriva en que es mejor recorrer el camino de los ch’ikis, pagar coimas o utilizar influencias. Es común encontrarnos con frases antecedidas por un “ya sabe…” sinvergüenza y frívolo, sí ya sabemos que así nomás es, por debajo irá la coima con la seguridad que es oficial sin que se lo exprese. En diciembre del 2011, el Informe Internacional de Transparencia colocó a Bolivia entre los diez países más corruptos de América y en el puesto 118 a nivel mundial . La encuesta de Gallup Internacional, considerando una muestra de 1328 personas, llega a la conclusión que la percepción social sobre las instituciones corruptas en nuestro país recae principalmente en la policía, partidos políticos y ámbitos judiciales . El estudio mencionado, hace referencia a la percepción de la muestra en relación a la corrupción, no es lo mismo que la real. En ese sentido, el estudio hace referencia al índice de corrupción, según el cual de cada cien trámites en Bolivia veintiuno se efectúan a través de procedimientos indebidos. A ese dato, se añade el 29% de incremento de la corrupción el 2010 en comparación con el 2005. Los resultados indican una mayor propensión a pagar coimas de parte de los hombres, las edades predominantes son de 30 a 49 años, no hay diferencias entre niveles socioeconómicos y se presenta mayor corrupción entre los autodenominados originarios en comparación con mestizos y blancos . Un ejemplo notable es el que hace mención al pago de multas de tránsito: de cada cien, sesenta y ocho se pagan con coima para evadirla. Si se considera el gasto en coimas por familia en el eje troncal del país (La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, El Alto) se estima 143,9 dólares anuales y el gasto involucrado en la corrupción de nuestro país es de 239,8 millones de dólares . Por donde lo veamos, el ch’iki goza de perfecta salud en Bolivia. La ética está en terapia intensiva. ¿Cómo resolver este serio problema? No tiene que ver con leyes ni con medidas coercitivas, se relaciona fundamentalmente con la conciencia moral. El desarrollo de la conciencia moral no puede formarse a través de programas educativos ni de campañas sociales. Se forma en las relaciones afectivas significativas, es decir en la familia y en las interacciones con las personas que asumen la autoridad. El eje central del aprendizaje moral se encuentra en la congruencia de estas personas. No es posible un desarrollo moral idóneo si quienes se muestran ante el niño como protectores actúan rompiendo cotidianamente las normas. Lo primero es reconocer con vergüenza nuestra situación moral ante nosotros y el mundo, esto es, romper la fachada para dejar expuesta nuestra miseria moral. Luego asumir la responsabilidad personal en el aporte que hacemos a la construcción de la inmoralidad, para empezar a cambiar nuestra actuación en el trabajo, en nuestra familia y la calle. Referencias Mueller, E.A. (1970) Aspects of the History of Traffic Signals. En: IEEE Transactions on Vehicular Technology, vol. 19, no. 1, págs. 6-17 Ross, W.D. (2001) Lo correcto y lo bueno. Salamanca: Ediciones Sígueme. Ross, W.D. (ob.cit.) Ochayta, F. (2009) San Maximiliano Kolbe, mártir de la caridad. Madrid: Biblioteca de autores cristianos. Kierkegaard, S. (2003) Temor y Temblor. Buenos Aires: Editorial Losada. Kohlberg, L. (2003) La educación moral. Barcelona: Gedisa. Disponible en : http://buscon.rae.es Romero, R. (1994) Ch’iki: concepción y desarrollo de la inteligencia en niños quechuas pre-escolares de la comunidad de Titikachi. Cochabamba: Instituto de Investigaciones de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad de San Simón. Al mover la muñeca varias veces, se hace el ademán de abrir una puerta. De ahí que el término significa “influencia”. Linares, J.L. Campo, C. 2001 Tras la honorable fachada. Los trastornos depresivos desde una perspectiva relacional. Buenos Aires: Paidós Información disponible en: http://elsistema.info/index.php?c=Pol%EDtica&articulo=Bolivia-entre-los-10-mas-corruptos-de-America&cat=357&pla=3&id_articulo=184 Encuestas y Estudios Gallup Internacional (2010) La corrupción en Bolivia. En cómo piensan los bolivianos No 142. Disponible en: http://www.icees.org.bo/art-colaboracion/corrupcion-en-bolivia-por-gallup.pdf

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