martes, 19 de junio de 2012

LOS CELOS O EL PAVOR DE SER ABANDONADO

La palabra celo proviene del griego zein (hervir) y del latín zelos (ardor) , de ahí la frase: “mi perrrita está en celo”, es decir, que entró en su etapa de estro (ardor sexual de los mamíferos) . Por supuesto no es lo que intentamos transmitir cuando nos referimos a una persona celosa. Como suele ocurrir con las palabras, su origen se pierde en las sombras del tiempo y el uso lo tergiversa. Es probable que haya ocurrido una de las siguientes dos cosas, la primera: la emoción de los celos es la pasión, por lo tanto quizás algún romano quiso decir que estaba ardiendo de rabia o miedo ante la posibilidad de la infidelidad. La segunda: que la etimología no sea la referida al calentamiento sexual, sino al acto de ocultar, del latín celare (cubrir). Sea como haya sido, la combinación de ambas acepciones se ajusta al sentimiento de las personas celosas, el componente emocional es la pasión y el cognitivo la desconfianza en la fidelidad del otro. La frase sería: “hiervo de desconfianza porque creo que me estás engañando”. Actualmente la Real Academia de la Lengua Española señala en su séptima significación de la palabra celo: “sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra”. Interpreto que se trata de una experiencia desesperanzadora y desolada angustia. Es la negación de la posibilidad de ser amado, considerar que no es posible ser querido, a la par define la necesidad de controlar las actividades de la pareja para asegurar la imposibilidad del abandono. Así que la experiencia de los celos combina el miedo y la rabia ocasionando una imperiosa necesitad de controlar las actividades del otro. El amor se fundamenta en la confianza y genera mucha incertidumbre porque amar es reconocer al otro como una persona independiente de mis expectativas, aceptarlo como es y puede ser. Tal como escribió Gertrude Stein: “rosa es una rosa es una rosa es una rosa” . Significa que la condición indispensable del amor es la legitimación del otro, la aceptación plena, por lo tanto está asociada necesariamente a la libertad. Cuando amamos nos sentimos felices al percibir que la persona amada logra una meta. Lo contrario ocurre cuando envidiamos, pues envidiar es desear algo que uno no posee, por eso el envidioso se alegra cuando al otro le salen mal las cosas. La envidia es contraria al amor. El celo es antagónico a la envidia, porque significa que no queremos que el otro tenga lo que nosotros poseemos. La envidia y el celo son parte de la misma cosa: el miedo a no lograr lo que el otro ha conseguido y el temor a perder lo que hemos alcanzado. De ahí que el sentido común considere a celosos y envidiosos como inseguros. Craso error. La envidia necesita seguridad: la certeza de que si tengo lo que el otro tiene seré feliz. Lo mismo en el celo, las personas celosas están seguras que el otro le engaña. Así que debemos entender que son excelentes ejemplos de certidumbre, se trata de personas extraordinariamente seguras. Curiosamente las personas celosas definen al probable rival a partir de las características que envidian, así el flaco pensará que su pareja preferirá un gordo, la petiza, que su pareja le engaña con una persona alta. Si elaboramos una lista de los rasgos de quien puede ser preferido por nuestra pareja, se verá en ella todo lo que no pudimos lograr y aquellos atributos que nosotros queremos tener. Así que envidia y celo van de la mano, puesto que el celoso está preocupado en su rival (al que envidia) y en sí mismo (sus carencias). Al sentir la mezcla de miedo, angustia, deseo sexual y rabia, se incrementa la sensación de pasión. Piensa que la pasión es la señal inequívoca del amor, por eso las personas celosas asegurarán ante cualquier testigo que aman intensamente. Otra vez se equivocan. La pasión es el sentimiento del deseo y de la rabia, es correcto decir “te quiero con pasión” como lo es: “siento una rabia apasionada”, las consecuencias neuroquímicas son las mismas: epinefrinas y testoterona. Lo interesante es que ambas se activan durante el proceso de atracción sexual y también en la activación de la rabia. Se produce una distorsión de atribución emocional, se confunde al miedo y a la rabia con la pasión sexual. El amor no es la pasión del deseo. La necesidad de procrear activa el organismo para la búsqueda sexual, el apasionamiento o enamoramiento no es nada más que la señal fisiológica del deseo, no es indicador de un encuentro amoroso sino erótico. El amor es una construcción social de dos personas interesadas en acompañar el crecimiento del otro y compartir intereses, valores y metas. Es una interacción de afectos y acciones dirigidas al bienestar del otro. Se establece como un proceso dinámico, los intercambios dependen de la historia personal y requieren permanentemente equilibrarse. Puesto que es un sistema social muy pequeño, compuesto por dos elementos, el recurso del equilibrio es la reciprocidad. Los celos no hacen referencia al amor porque no permiten la reciprocidad positiva, es una acción de negación del otro. La violencia es obligar al otro a que sea distinto de lo que es. Existe una persona que obliga y otra que debe obedecer, un agresor y una víctima. La persona celosa agrede al otro al descalificarla, controlarla y obligarla a abandonar los espacios donde existirían riesgos de infidelidad. Por lo tanto la cara que esconde la máscara de los celos es la violencia. Una persona celada es víctima de maltrato. El amor requiere espacios de libertad, el celo le teme a la libertad, necesita control para evitar el abandono. En el amor las personas confían una en la otra, al relacionarse de manera recíproca se incrementa la intimidad y con ella la confianza. No se promueve la posesividad, sino la libertad. Es como que los amantes se encuentran y despiden continuamente, saben que necesariamente los encuentros promueven despedidas. El amor involucra pasión sexual pero no es su fundamento. La base del amor es la intimidad, comprendida justamente como la capacidad de escuchar y comprender las diferencias de la persona amada. El celo, se construye sobre la pasión sexual, requiere la incapacidad de escuchar al otro. El miedo al abandono es el eje de todos sus pensamientos, el control la única manera que encuentra para evitar el desamparo. Se trata de una concepción inmadura del amor: la posesión consecuente con el intenso deseo pasional. La palabra celo es el eufemismo de los sentimientos de miedo y envidia. El miedo es inmenso, es pavor al abandono. Se desglosa en dos grandes miedos: ser rechazado y la posibilidad de que exista alguien mejor que uno. El miedo al rechazo responde a la pregunta: ¿cómo alguien como ella/el, puede amar a alguien insignificante como yo? Se parte de un profundo sentimiento de inferioridad, generalmente secreto, escondido en un ego inmenso. Claro… quien ostenta su ego es porque esconde una frágil concepción de sí mismo. Para equilibrar la baja autoestima lo que este tipo de persona hace es descalificar los logros de su pareja, así evita que ella pueda superarlo y abandonarlo. Todos los días procederá a disminuirla con insultos referidos a la certeza de que es o ha sido engañado. Posteriormente es probable que recurra a la violencia física cuando haya logrado que su pareja se vea a sí misma como indefensa. En los celos retrógrados, es decir, aquellos que parten de una historia amorosa previa con otra persona, la persona celosa se encargará de recordar una y otra vez las afrentas recibidas ¡antes de que se inicie el romance actual! Nada más angustiante: el pasado no se puede cambiar. El marco de referencia es muy sencillo, e inclusive puede ser expuesto descaradamente: alguien como tú no puede amar a una persona como yo, así que es imposible que no me engañes. El otro es: todos, tarde o temprano me abandonan, por lo tanto debo evitar que me dejes porque sé que lo harás. Se trata pues de una profecía auto cumplidora , tarde o temprano la persona celosa confirma sus sospechas. La víctima está paralizada por la paradoja en la cual la persona celosa la inserta: si le dice que no le engaña el otro dudará, si le dice que es cierto, el otro confirma su idea. Diga lo que diga, haga lo que haga no podrá demostrar su fidelidad. Quien cela también está inmerso en una paradoja, la premisa es: estoy siendo engañado, no se trata de una hipótesis a poner a prueba, es una afirmación tácita, diríamos….un axioma psicológico, ¡no requiere demostración! Así que haga lo que haga su pareja, cualquier acción será relacionada con la ineludible traición. He aquí algo muy importante: la víctima no necesariamente es portadora de un trastorno mental, simplemente está atrapada en un juego del cual es imposible salir. En aquellos casos en los cuales existe el antecedente de una infidelidad, tampoco se justifican los celos. Existen dos alternativas racionales: se termina la relación o se perdona. No es justificable el desarrollar un control irracional y plasmar los celos como una consecuencia inevitable. La mayoría de los celos se han originado en la historia familiar. Dos son los procesos afectivos más comunes en la organización celopática: apego inseguro y descalificación. El apego es la respuesta que damos ante una necesidad afectiva. Nuestras figuras de apego son generalmente nuestros padres, pero pueden haber sido los abuelos, hermanos mayores, niñera, etc., las personas a las que recurríamos para ser consolados. El apego seguro es aquél que ocasiona que el niño busque protección de alguien significativo; el inseguro aquél donde se evita o agrede a quien debería protegernos. La sensación que ofrece el apego seguro es la contención afectiva, la cual derivará en la capacidad de enfrentar las pérdidas y superarlas. Mientras que el inseguro ocasiona inestabilidad ante la pérdida y por ende miedo al abandono. Un efecto notable de la sobreprotección es el desarrollo del temor al abandono, justamente porque al ser exageradamente protegido se nos priva de correr riesgos a la vez que se nos crea la idea de un mundo peligroso. Ni qué decir de la negligencia y el castigo, los niños y las niñas víctimas de violencia desarrollan afectos desesperanzadores y angustia. Todo ello conlleva a la construcción de la angustia que se asociará a la inevitable idea del abandono. La descalificación es el proceso relación a través del cual se niega la potencialidad de la persona, o peor aún puede anulársela. Es promover la baja autoestima e inadecuada autoeficacia, la persona se ve como inútil y/o fea, además incapaz de alcanzar sus metas. De remate es probable que haya sido comparada con sus hermanos o hermanas, ellos son brillantes, ella una basura. Si durante la crianza se vive la experiencia de que la valoración se hace sobre alguno de los hermanos y no sobre la persona, es fácil construirse la idea de que existe siempre alguien mejor que uno, alguien que siempre me ganará. Otra condición común en la historia de las personas celosas, es haber vivido el dolor de uno de los progenitores ante la infidelidad del otro, peor aún si se ha participado en la protección y/o la venganza. Se establece un destino inevitable expresado en la frase: todos los hombres son infieles, o todas las mujeres son prostitutas. Puede decidirse seguir el guión sin cambiarlo o demostrar que sí es posible modificarlo. No importa qué se prefiera, el resultado es el mismo: desconfianza y control. ¿Cómo salir de una relación celosa? Antes que nada, reconocer que el celo es violencia, y que por lo tanto se es víctima de un/una agresor/agresora. Reconocer si es válido entregarse a alguien que promueve la restricción de mi libertad, que me niega, desmerece e indigna. Debemos partir de un principio: mi amor no cambiará al otro. Si soy celado no soy amado, aunque nuestros encuentros sean apasionados, mi integridad personal está sobre el placer del momento. En la relación amorosa no basta con que uno ame, ambos deben amarse, darse cosas buenas el uno al otro, promover el crecimiento del otro y disfrutar de crecer al lado de esa persona extraña, atreverse a confiar, correr riesgos, dejar partir para volverse a encontrar renovados, con nuevas cosas para entregarse. La ruta del amor es plena de cambios inesperados, alegrías y decepciones que obligan al perdón si somos capaces de soportar el dolor que ellas nos producen. El camino del celo está repleto de terror, de rutina y desesperanza, las alegrías son pocas generalmente cuando existen espacios de paz. La paz no es la felicidad, es una breve liberación de las tensiones, la felicidad es la sensación de poder arriesgarse a soñar nuevamente, sentirse libre a pesar de estar con otro. Esa ilusión de amor no es otra cosa que un momento de quietud que antecede a una nueva avalancha de violencia. Es probable que el momento en que decidas romper la relación, la persona celosa muestre la violencia guardada. No restringirá nada de sí a la hora de evitar tu partida, puede amenazar con matarse o con destruirte, lo cual demostrará que era estúpido estar con alguien así. En lugar de retroceder en tu decisión, debes reconocer que es la mejor que puedes tomar. Busca protección en las personas que pueden defenderte, evita esconder el maltrato que recibiste. ¿Cómo reconciliarse? Existen amantes que son capaces de enfrentar una nueva vida juntos habiendo erradicado el pavor al abandono. La base de esas relaciones consiste en la capacidad de dialogar racionalmente sobre el absurdo miedo. Ese diálogo sólo es posible si la persona celosa reconoce que su problema le pertenece de manera exclusiva y que no tiene derecho de lastimar a quien dice amar. Si esto acontece, pedirá ayuda a su pareja. Esa ayuda sólo puede ser otorgada si se produce el perdón. El perdón es la máxima expresión del amor, aceptar al otro a pesar de lo que me hizo. No es olvidar, es recordar y seguir mirándonos a los ojos. No es fácil ni instantáneo, es un proceso penoso, muchas veces requiere soledad y aislamiento, tener un tiempo y un espacio para reflexionar si vale o no la pena mantenerse en la relación. Nadie tiene derecho a decidir por la persona y nadie, absolutamente nadie puede comprender el dolor que ha sufrido. Quien cela al reconocer su responsabilidad por la violencia ejercida, debe esperar la decisión de su pareja sin presionar ni prometer nada. Mientras ocurre esto, es común que la persona celosa descubra que puede vivir sin depender de nadie, entonces y sólo entonces entenderá que el amor no es posesión ni necesidad, el amor es una decisión libre de estar con otra persona. Quien se siente desvalido no puede amar, busca ser protegido y reconocido. Sólo ama la persona plena, aquella que se sabe autónomo, entonces tiene mucho que dar de sí y sabrá reconocer lo que la otra persona le pueda dar. Ese tiempo de reflexión dura lo que tenga que durar, meses o años. He visto parejas que se divorciaron que después de varios años retomaron el matrimonio, también he atendido a parejas que después de algunos meses de separación fueron capaces de reconciliarse. Durante el noviazgo los procesos son más rápidos e impredecibles, pocas son los novios que buscan ayuda psicológica, de ahí que no exista mucha información sobre los procesos de reconciliación, aunque sí estudios sobre el maltrato durante el noviazgo . ¿Cómo vencer a los celos? Antes que nada debes reconocer que los celos son tu propiedad exclusiva, no los veas como problemas de tu pareja, sino como una construcción personal: son tu responsabilidad y de nadie más. No busques las causas, debes entender que las acciones derivadas de tus celos son violentas, por lo tanto eres un agresor. No tienes otra alternativa: debes eliminar los celos, te convierten en un monstruo y sabes bien que no lo eres. Tus celos son consecuencia de un temor infantil, el miedo a ser abandonado. Mírate al espejo, eres una persona capaz de vivir sola, sin depender de nadie, por lo que es irracional temer que te abandonen. Acepta tu soledad, asume tu independencia. Si no eres capaz de hacerlo eres incapaz de amar. Para amar debes entregarte plenamente, jugarte el todo por el todo, y para eso necesitas reconocerte como un ser autónomo. Mira adentro de ti, estás repleto de terror y rabia, no hay cabida para recibir a la persona que dices amar. Ella no te pertenece, es libre e independiente, tiene derecho a amarte o no, eso no es de tu incumbencia. Aprende a respetar y tolerar las relaciones que ella tiene con las personas que le rodean, si la quieres seguramente es una persona querible por otras personas también. Te enamoraste de alguien que es como es, no intentes cambiarla, pregúntate si estás dispuesto a amarla así, si no eres capaz déjala partir, si lo eres acompáñala, aprende a disfrutar sus logros y a enorgullecerte de ella. Aprende a llorar con sus dolores y a soportar sus frustraciones aunque no entiendas qué las producen. Deja de llamarle celos a tu incapacidad de amar y al pánico que sientes ante la idea de que no te amen. Pide perdón por cada una de las veces que fuiste incapaz de reconocer al otro como un ser independiente de ti, por todas las veces que atentaste contra su libertad y por aquellas otras donde creíste más en tus fantasías que en la realidad. Para curarse de los celos necesariamente hay que mirarse hacia adentro. Avergonzarse de las cosas estúpidas que le hicimos a quien deberíamos amar. Finalmente debes preguntarte si es posible el amor en tu corazón. Para ello debes vaciarlo de la envidia y el miedo. Sé tú mismo, acéptate, sé bueno contigo, así dejarás de envidiar, porque entenderás que en lo que envidias está la clave de tus sueños, aquellos que crees que no alcanzarás. Cuando reconozcas que ya no eres un niño desvalido, reconocerás que no necesitas de nadie para ser feliz, sólo así podrás derramar alegría y dejar que las cosas sean como puedan ser, podrás ver los ojos de quien amas arrancándolos de tu propia mirada, comprenderás que el amor es el reconocer al otro a pesar de uno mismo y entonces recién entonces, empezarás la aventura maravillosa del amor. ¿Cómo manejar una relación con alguien celoso? Recuerda que si tu pareja actúa fundamentándose en sus celos está siendo violenta contigo. La violencia no es parte del amor, por lo tanto no eres amada sino maltratada. Puede ocurrir que la relación se muestre intensamente apasionada, eso ocurre porque la violencia es también apasionada. La pasión no es el amor, es una pequeña parte de él. Si te sientes amedrentada, a veces acorralada y percibes que no eres respetada, estás siendo víctima de violencia. La violencia no es únicamente golpes e insultos, es en todos los casos descalificación. La peor manera de descalificar es a través de los celos, ellos son un insulto a tu entrega, a tu ternura y a tu esperanza. No permitas que los celos crezcan, ponle un alto ni bien se manifiesten, tu pareja no es un progenitor ni un docente, es un compañero que está a tu mismo nivel. Quien te ama te respeta y te trata procurando sobre todo tu bienestar. Los celos del otro no son un problema tuyo, tú no los provocas, es la persona que inventa las condiciones para justificar su temor a ser abandonado. Quien te cela es inmaduro, necesita reconocer en sus pensamientos y acciones sus propias carencias que nada tienen que ver con tu existencia. No es tu culpa si no fue amado en su infancia o comparado con otros. Simplemente llegaste y te enamoraste de alguien que si no modifica su forma de actuar hacia ti, definitivamente no merece tu amor. No es posible amar a algo que nos daña, el malestar nos obliga a apartarnos en vez de acercarnos. Arranca de ti la vana esperanza, tu amor no cambiará la inmadurez de tu pareja, porque no reconoce el amor, lo confunde con la obediencia sumisa y el aislamiento y cree que te ama cuando se siente apasionado. El peor error que puedes cometer es sentir pena por quien te ofende. No lo veas como niño abandonado, que nadie puede querer. Pregúntate ¿por qué será que nadie lo puede querer? Reconoce cuánto vales, no busques que te aman, ama a quien merece tu amor. Si las cosas siguen como están a pesar de que asumiste que los problemas de celos son responsabilidad del otro y que no puedes seguir siendo víctima de violencia, entonces queda un solo camino: terminar la relación. Será difícil y durante el proceso es probable que entiendas por qué esa persona no merecía tu amor. Pero no puedes seguir así, la vida se escapa de nuestras manos cada día que pasa. Abre los ojos, la vida es mucho más que tu relación. Existen personas que te cuidan y que están a tu lado: gente de tu familia y amigos, no los pierdas por culpa de este capricho estúpido e inútil. ¿Qué hacer cuando ambos actúan guiados por los celos? Se trata de violencia simétrica, ambos hacen parte del juego pasional de quien controla mejor al otro. Abandonan el arte de amar por el arte de la guerra. Suelen ser parejas intensamente ardientes, viven el romance en las reconciliaciones, luego viene el vacío que se llena con el juego destructivo del “pesca – pesca”. Es un combate de competencias, infames insultos asociados con infidelidades reales o ficticias. Se encuentran en una simbiosis enceguecedora. La violencia es el contenido de la reciprocidad, por lo que se incrementa en cada pelea, puede terminar con el asesinato. Si uno de los dos abre los ojos, debe parar de inmediato el juego, develándolo en primer lugar y marcando nuevas reglas en la relación. Por lo general el proceso es tortuoso y se hace necesaria la ayuda profesional. Lo más difícil es cuando este tipo de relación se establece dentro del matrimonio y se añade la presencia de los hijos. Lo más probable es que alguno de ellos genere un trastorno psicológico grave como consecuencia de una familia a todas luces disfuncional. Notas Real Academia de la Lengua Española (RALE) RALE (ob.cit.) Stein, G. 1913. Sacred Emiliy. En: Literary Cubism - Geography & Plays - Selected Works of Gertrude Stein. (2011) El Paso Texas: Traveling Press. Un excelente libro al respecto de la reciprocidad es: Temple, D. (2003) Las estructuras elementales de la reciprocidad. La Paz: Plural. Watzlawick, P. (2003) El arte de amargarse la vida. Barcelona: Herder. Se trata de un excelente libro que analiza las formas irracionales que las personas usamos para amargarnos la vida, una de ellas es la profecía auto cumplidora. Por ejemplo: Rey – Anacona, C. (2009) Maltrato de tipo físico, psicológico, emocional, sexual y económico en el noviazgo: un estudio exploratorio. En: Acta Colombiana de Psicología. Vol 12, No 2. Kasian, M. (1992) Frequency and severity of psychological abuse in a dating population. En: Jornal of Interpersonal Violence. Vol. 1, No 26.Págs. 3773-3789.

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